“Si posees claridad, si eres una luz interna para ti mismo, nunca seguirás a nadie" Krishnamurti
Siempre
me han gustado los aeropuertos. Creo que son los lugares idóneos para observar
los movimientos de una sociedad cada vez más revuelta y multicultural. Sentado
esperando a que me llamen para embarcar, me encanta imaginar en qué
circunstancia están envueltas las personas que miro… ¿A dónde irán? ¿De dónde
vendrán? Por sus ojos presagio que algunas personas viajan para probar fortuna
en otras ciudades lejanas, otras van en busca de su prometida o su amante,
otros solo buscan sacar provecho a su viaje de negocio, otros esperan disfrutar
de unas simples vacaciones…
Siento admiración
por aquellas personas en las que el viaje le supone el inicio de una nueva
etapa. En muchas ocasiones me he preguntado por qué tantas parejas se han
conocido aún perteneciendo a lugares y culturas tan lejanas, qué es lo que
motiva a una persona a dejarlo todo en su país para ir al lado de su amado en
un país totalmente distinto, qué es lo que lleva a una persona a desprenderse
de lo material y abandonar su lugar de residencia o familia para ayudar a los
más necesitados, qué motiva a una persona para renunciar a su trabajo y
realizar miles de kilómetros para surfear una ola… ¿Destino, amor, azar? Yo aun
no he encontrado la respuesta.
Tras la llamada de embarque y ya acomodado en el
avión, empiezo a visualizar mi destino, Dakar, pero pronto se ve interrumpido por
la conversación de dos chicas que ojean una revista del corazón próximas a mi
asiento;
- Mira, Alicia, ¡esta actriz es mi ideal! ¿A que es perfecta? ¡Que modelazo!
- Es guapísima – le respondía Alicia.
- Me encantaría parecerme a ella – respondió la amiga.
- Pues sabes que ha dejado a su
novio y ahora está saliendo con un cantante famoso – le respondió Alicia.
Velozmente perdí interés por la conversación y
mientras las azafatas empezaron sus habituales normas de seguridad me gire a contemplar el anochecer por mi ventana. Mientras el avión iba cogiendo altura divisaba
a lo lejos multitud de luces y entonces me acorde de las chicas de la revista y
cerrando los ojos me vino a la cabeza la historia de aquel hombre de Negúa.
Cuenta la
historia que un hombre del pueblo de Negúa, en las costas de Colombia, pudo
subir al alto cielo. A la vuelta contó. Dijo que somos un mar de fueguecitos.
El mundo es un montón de gente, un mar de fueguecitos. Cada persona brilla con
luz propia entre todas las demás. No hay dos fuegos iguales. Hay fuegos grandes
y fuegos pequeños y fuegos de todos los colores. Dice que algunos fuegos ni
alumbraban ni quemaban pero que otros arden la vida con tantas ganas que uno no
puede mirar sin parpadear, y quien se acerca, se enciende. ("El libro de los abrazos" de Eduardo Galeano)
Contradictoriamente mientras mi cabeza viajaba a
Dakar, mi mente aún seguía en Europa, intentando entender la razón por la que
las adolescentes desean parecerse a imágenes inaccesibles en lugar de brillar
por sí mismas.